Ahora si mi querido hij@ si antes solo había tenido pocos malestares, durante esta semana del embarazo, tu sexta semana de vida, verdaderamente me sentí preñada. El lunes pasó como si nada y ni tuve nauseas lo cual me mantuvo harto optimista, pero el Martes... bueno ya no sabía ni donde meterme. El día comenzó con mareos y nauseas más fuertes. Después comencé a sufrir bochornos y dolor de cabeza. Ya para el final del día no podía ni pararme. Aún así, le cociné a tu papi unas ricas albóndigas, de las cuales no pude probar bocado. Esa noche tampoco pude dormir. El bochorno y las nauseas me impidieron conciliar el sueño.
Al día siguiente la cosa empeoró aún más, pero no podía quedarme en casa a descansar. Tu mami tenía el compromiso de preparar la clase dominical para los niños de la iglesia y tenía que ir por ella. Además había invitado a Ixchel y a Bere a la casa y pues tenía que tener todo listo para su visita. Me dio mucho gusto recibirlas porque pude compartirles mi dicha de saber que estabas creciendo dentro de mi. Pasamos un rato agradable pero tu mami cada vez se sentía peor. La panza comenzaba a dolerle ahora.
Me desperté el Jueves con diarrea crónica y me la viví en el baño como hasta las 6 de la tarde. Intenté aplicar todos los remedios caseros: pan tostado, atole de arroz, caldito de pollo y nada. Yo sabia que tenía que mantenerme hidratada, de lo contrario tu sufrirías peligro, pero beber parecía agravar mi situación pues en vez de ir a orinar, la terminaba evacuando. Con lágrimas le llamé al doctor y no más no me contestaba. Llamé y llamé hasta que me contactaron con un médico que me dijo que fuera y comprara Imodium. Lamentablemente viviendo en Redmond amorcito, la lluvia había estado más que perniciosa y sin automóvil no me podía mover para comprar la medicina. De plano le tuve que hablar a tu papi y hermoso él, se salió de la chamba y me compró la medicina. También me trajo unos Gatorades, pues leí que era importante tomar algo con electrolitos, pues corríamos el riesgo de deshidratarnos.
Cuando llegó tu papi me tiré a sus brazos a llorar un poquito y después me tomé la medicina. Haz de saber que al principio no me hizo efecto, así que tuve que tomarme otra más. Tres pastillas me tomé en total y ya con eso pude dejar de vivir en el baño. Lo malo es que tu mamá es rete asustadiza. La panza se le infló mucho y ya no podía dormir porque pensaba que estaba teniendo un efecto secundario malísimo de la pastilla. De plano tu papi ya estaba pensando en llevarme a urgencias, pero nos acordamos de que tu tío es doctor. Le hablamos por teléfono y aunque lo despertamos, muy amablemente nos dijo que no había problema, que me fuera a dormir pero que siguiera tomando mucha agua con limón y azúcar.
El viernes ya desperté mucho mejor y pude comer mas caldito de pollo.
El sábado tenía una fiesta de té con mis amigas de la iglesia y ¡mi Señor Jesús me regaló una tarjeta de regalo para ir al Spa! No cabe duda que tengo un papá amoroso que ve por mi y sabía todo lo que había pasado durante esa semana.
Ya para el domingo estaba como nueva, bueno con nauseas, pero sintiéndome mucho mejor y más ancha de lo normal. Le tuve que pedir a tu papi que fuéramos a comprar unos pantalones de maternidad porque ya no entraba en ninguno. Dos me compró y se han convertido en mi vestimenta diaria desde entonces.
El sábado tenía una fiesta de té con mis amigas de la iglesia y ¡mi Señor Jesús me regaló una tarjeta de regalo para ir al Spa! No cabe duda que tengo un papá amoroso que ve por mi y sabía todo lo que había pasado durante esa semana.
Ya para el domingo estaba como nueva, bueno con nauseas, pero sintiéndome mucho mejor y más ancha de lo normal. Le tuve que pedir a tu papi que fuéramos a comprar unos pantalones de maternidad porque ya no entraba en ninguno. Dos me compró y se han convertido en mi vestimenta diaria desde entonces.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario