Y llegamos a tu quinta semana de vida. Esta semana es considerada la séptima del embarazo y es cuando tu mami comenzó a sentirse cada vez peor. Haz de saber que tu mami adora el chocolate y a partir de esa semana no pudo ni siquiera imaginar comerlo porque le daban ganas de vomitar. Comer, otro de los grandes placeres que disfruta tu mami, se convirtió en un verdadero suplicio. Honestamente no me daba NADA de hambre y aunque trataba de comer lo más posible, comenzaba a ser tormentoso. Seguía teniendo muchísimo sueño durante todo el día y además comencé con un síntoma extraño: dolor en el vientre. Primero pensé que era porque, para variar, también estaba super estreñida (¿Popó, qué es eso?). Pero después de ir al baño, el dolor continuaba y me comencé a preocupar. Para el miércoles 6 de abril el dolor era mucho más fuerte así que con terror llamé al doctor. Primero no tuve suerte y nadie me supo decir nada, pero como el dolor continuaba, seguí de necia hablando hasta que por fin alguien me contestó. Me preguntaron si había estado tomando agua a lo que contesté que si (aunque honestamente ya no sabía si había sido la suficiente), luego me dijeron que no había disponible ningún doctor, pero que para descartar alguna complicación, podría ir al hospital a que me hicieran un ultrasonido. Aterrada como estaba, tu mami aceptó sin chistar, descansó un poco y se trepó al carro rumbo al hospital.
Los dolores continuaban y yo estaba al borde de las lágrimas. Al fin llegué y después de esperar unos minutos, ¡pude verte una vez mas! Ahí estabas, pequeñito como un frijol, tu corazoncito latiendo rapidísimo y solo visible como un cambio en la tonalidad de gris. ¡Pero ahí estabas! Tu pequeña cabecita ya formada, tu cuerpecito y los bultitos que después se convertirían en tus bracitos y piernitas. ¡Me dio tanto gusto! Luego me dejaron escuchar tu pequeño corazón latir.
¡Fue increíble! Agradecí tanto a Dios porque estabas bien. Me explicaron que los dolores eran causados porque estabas creciendo y mi útero se estaba estirando, provocando ese dolor. ¡Gracias a Dios! ¡Mi hermoso bebé estaba perfecto! Sólo era la exagerada de su madre la que estaba haciendo pancho porque no soporta mucho el dolor.
Con tus nuevas fotos, me regresé contenta a casa, sabiendo ahora que cada dolor que tuviera en el vientre y que no fuera sangriento, era provocado por tu constante crecimiento. Descansó entonces mi alma y hasta me reí de lo exagerada que fui. Pero lo genial es que pude tener más fotos tuyas :D

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